El Mundial de Fútbol 2026 ha dejado un balance muy positivo para el sector de la hostelería española, con incrementos de facturación que en algunos establecimientos han oscilado entre el 25% y el 30% durante las jornadas más destacadas del campeonato. Sin embargo, este aumento de la afluencia de clientes no ha tenido reflejo en la actividad de las máquinas recreativas instaladas en los bares.
La celebración de los encuentros de la Selección Española y, especialmente, la final del torneo, generó una notable concentración de público en locales de todo el país. El consumo se centró principalmente en bebidas, aperitivos y restauración, convirtiendo los partidos en auténticos motores de actividad para el canal hostelero.
No obstante, desde el ámbito del juego recreativo se constata que este fenómeno no se ha traducido en un incremento de la recaudación de las máquinas tipo B. Los clientes acudieron a los establecimientos con un objetivo muy definido: seguir los partidos en pantalla y compartir la experiencia deportiva, relegando a un segundo plano otras actividades de ocio presentes en el local.
Los datos disponibles muestran que, pese al incremento del tráfico de clientes y del gasto medio en hostelería, la utilización de las máquinas recreativas se mantuvo en niveles similares a los habituales. Una situación que evidencia que los grandes acontecimientos deportivos no siempre generan un efecto arrastre sobre todos los servicios ofrecidos en los establecimientos.
Este comportamiento confirma una tendencia ya observada en anteriores competiciones internacionales: el consumo asociado al deporte en directo beneficia principalmente a la restauración y las bebidas, mientras que las máquinas de juego mantienen una dinámica independiente, más vinculada a hábitos específicos de sus usuarios habituales que a picos puntuales de afluencia.














